Menú

Cáncer infantil en Argentina: casi 4 diagnósticos por día y las señales que no hay que ignorar


En el marco de Septiembre Dorado, datos oficiales muestran que 7 de cada 10 chicos con cáncer se curan cuando llega a tiempo. 









Septiembre es, a nivel mundial, el mes de concientización sobre el cáncer infantil, conocido como Septiembre Dorado, una fecha impulsada por organismos de salud y sociedades científicas para visibilizar una enfermedad que en Argentina se diagnostica en cerca de 1.360 chicos y chicas menores de 15 años por año, es decir, casi 4 casos nuevos por día, según los datos del Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino (ROHA) difundidos por especialistas de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).





El dato central que motoriza la campaña es alentador, cuando el diagnóstico llega a tiempo y el tratamiento es oportuno, la sobrevida a cinco años alcanza el 70,3%, una cifra que depende en gran medida de qué tan rápido se detectan los primeros signos.





Las señales que no hay que dejar pasar





Los especialistas de la SAP remarcan que el cáncer infantil no suele avisar con síntomas espectaculares, sino con signos cotidianos que muchas veces se confunden con cuadros virales comunes. Entre las señales de alarma más citadas figuran los hematomas frecuentes o sin causa aparente, la fiebre prolongada que no responde a los tratamientos habituales, la pérdida de peso inexplicable y la palidez persistente.









Estos signos, aislados, no significan necesariamente una enfermedad oncológica: la gran mayoría corresponde a cuadros benignos y transitorios. Pero cuando se sostienen en el tiempo o se combinan entre sí, los pediatras recomiendan una consulta sin demora, ya que el margen para intervenir a tiempo es más amplio cuanto antes se estudia al paciente.





Las leucemias son el tipo de cáncer infantil más frecuente en el país, con entre 450 y 550 casos nuevos por año, seguidas por los linfomas y los tumores del sistema nervioso central. Reconocer sus primeros signos es, según remarcan desde la SAP, la herramienta más efectiva disponible hoy para mejorar el pronóstico.





El dato que cambia el pronóstico





El Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino, que releva información desde el año 2000 y ya acumula más de 40.000 casos en menores de 19 años, cubre en la actualidad al 93% de los diagnósticos en menores de 15 años del país. Esa base de datos es la que permite a los especialistas confirmar que la sobrevida global a cinco años ronda el 70,3% cuando el acceso a la atención médica es adecuado y oportuno.





Ese acceso no depende solo de la voluntad de consultar: el 76% de los pacientes pediátricos oncológicos se atendió en instituciones públicas entre 2013 y 2022, lo que confirma el peso central del sistema de salud estatal en esta enfermedad. El diagnóstico por imágenes, ecografías, tomografías y resonancias suele ser el primer paso para confirmar o descartar un cuadro sospechoso una vez detectada una señal de alarma.





Cuanto antes se llega a ese estudio, menor es el estadio de la enfermedad al momento del tratamiento y mejor el pronóstico. Por eso las campañas de Septiembre Dorado insisten en un mensaje simple: ante la duda, consultar, porque la demora es uno de los factores que más impacta en la sobrevida.





Los derechos que protege la ley





En julio de 2022, el Congreso sancionó la Ley 27.674 de Protección Integral del Niño, Niña y Adolescente con Cáncer, que creó el Certificado Único Oncopediátrico (CUOP). El documento garantiza a los pacientes el acceso prioritario a turnos, estudios, medicación y tratamientos, además de otros derechos vinculados a la escolaridad y el acompañamiento familiar durante el tratamiento.





La normativa buscó ordenar un circuito que hasta entonces dependía de gestiones caso por caso, y hoy es una herramienta concreta para las familias que atraviesan un diagnóstico oncológico pediátrico. Conocer su existencia es, para los especialistas, tan importante como reconocer las señales de alarma.





Frente a cualquier signo de alerta sostenido en el tiempo, la recomendación de las sociedades científicas es no autodiagnosticar ni esperar a que el cuadro empeore: la consulta con el pediatra de cabecera es el primer paso, y de ahí surge la derivación a estudios complementarios si el profesional lo considera necesario






Te puede interesar