ACV: cada minuto sin diagnóstico cuesta dos millones de neuronas
En Argentina se registra un ACV cada cuatro minutos, y actuar en los primeros minutos puede ser la diferencia entre la recuperación y una discapacidad permanente.

A menos de una semana del Día Mundial del ACV, que se conmemora cada 29 de octubre, el accidente cerebrovascular vuelve a ocupar la agenda sanitaria del país: es la cuarta causa de muerte en Argentina y una de las principales causas de discapacidad adquirida en adultos, con alrededor de 55.000 episodios nuevos por año y una incidencia de 109 casos cada 100.000 habitantes, según datos difundidos por la Sociedad Neurológica Argentina.
En mayo pasado, el Ministerio de Salud de la Nación lanzó el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del ACV (PRONAC-ACV), con una red de hospitales y un protocolo común para achicar los tiempos de atención, que resultan determinantes para la sobrevida y la recuperación del paciente.
Los síntomas que no hay que dejar pasar
Reconocer rápido los síntomas de un ACV es la primera barrera contra las secuelas. El método internacional BE FAST, difundido por la Cleveland Clinic, ayuda a identificar las señales de alarma: pérdida súbita del equilibrio, visión borrosa o doble de aparición repentina, asimetría en la cara al sonreír, debilidad en un brazo o en ambos, y dificultad para hablar o entender.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), también pueden aparecer confusión súbita, entumecimiento de la cara, un brazo o una pierna —generalmente de un solo lado del cuerpo— y un dolor de cabeza intenso sin causa aparente. Cualquiera de estas señales, aunque dure solo unos minutos, debe tratarse como una emergencia médica.
El doctor Matías Alet, neurólogo de FLENI y responsable de la Unidad de ACV del Hospital Ramos Mejía, fue contundente: “Un ACV es una emergencia médica tiempo-dependiente”. Y agregó que “el primer reflejo debe ser llamar al servicio de emergencias”, nunca trasladar al paciente en un auto particular, porque eso suele demorar la atención especializada.
La ventana de cuatro horas y media que decide todo
Por cada minuto sin tratamiento ante un accidente cerebrovascular se pierden cerca de dos millones de neuronas, de acuerdo con las estimaciones que citan los especialistas consultados por distintos medios. La ventana terapéutica para aplicar tratamientos trombolíticos —los fármacos que disuelven el coágulo— es de 4,5 horas desde el inicio de los síntomas; pasado ese margen, en casos seleccionados todavía puede evaluarse una trombectomía mecánica.
Antes de decidir cualquier tratamiento es indispensable una tomografía o una resonancia que confirme si el ACV es isquémico —por la obstrucción de una arteria, alrededor del 80% de los casos— o hemorrágico, por la rotura de un vaso. El abordaje de cada tipo es opuesto, por lo que sin ese diagnóstico por imágenes no hay forma segura de avanzar con el tratamiento.
Cada 15 minutos que se ganan al inicio del tratamiento se traducen en un 4% menos de mortalidad y un 4% más de probabilidades de recuperarse sin secuelas graves, según cifras difundidas por sociedades científicas locales. Por eso los protocolos hospitalarios apuntan a reducir al mínimo los llamados tiempos “puerta-aguja”, desde el ingreso del paciente hasta el inicio del tratamiento.
El Código ACV que busca ganarle tiempo al reloj
En mayo de este año, el Ministerio de Salud de la Nación creó, mediante la Resolución 609/2026, el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del ACV (PRONAC-ACV), con el objetivo de achicar las brechas regionales en el acceso a los tratamientos de reperfusión y ordenar la derivación de pacientes entre hospitales de distinta complejidad.
El ministro de Salud, Mario Lugones, lo definió así al presentarlo: “Estamos poniendo en marcha una red de hospitales nacionales para la atención del ACV”. El esquema contempla un protocolo común de atención, centros coordinadores regionales, un registro nacional y una aplicación digital para geolocalizar pacientes y alertar al hospital de destino antes de que llegue la ambulancia.